domingo, 20 de junio de 2010

Cambio profundo

La teoría sobre el cambio la sabemos todos, sin embargo aplicamos en el día a día la resistencia al mismo. ¿O tu no te resistes a esos cambios que aunque sabes que te irá bien no acabas de cambiar de hábitos o actitud?

Para que exista cambio, no es suficiente con hacerte consciente y entender la situación, tampoco lo es simplemente apelar a tus emociones, ó a tu voluntad.

En ocasiones, hay personas que cometemos el error de pensar que diciéndole a alguien lo qué necesita y plantearle las consecuencias de no hacerlo se logrará un cambio. ¿Esto te ha funcionado? ¿Y a la otra persona?

Es posible que lo logre por un tiempo determinado, pero difícilmente se podrá sostener en el largo plazo.

Para cambiar, a las personas no nos es suficiente con saber ó entender más, ni con desear ó temer más.

Las personas no actuamos simplemente a partir de la información que tenemos, los recursos de los que disponemos y la motivación que recibimos. Actuamos también de acuerdo a la forma que tenemos de observar la realidad y darle sentido... Parate a pensar por un momento cuál es tu forma de ver la realidad.

Cada uno de nosotros interpreta el mundo de una determinada manera y tiene una forma de pararse ante la vida y de encontrar coherencia a sus experiencias.
Miramos el mundo y a nosotros mismos, según el tipo de observador que somos.


Para un cambio profundo tenemos que cambiar el tipo de observador que somos, ¿estás dispuesto a modificar esta visión de la realidad?.

Quedarse con la visión cortoplacista unicamente te reportará beneficios inmediatos, sin embargo si tienes una visión a largo plazo podrás mantener esos beneficios y serán sostenibles en el tiempo.





domingo, 13 de junio de 2010

¿El dinero compra la felicidad?


El dinero podrá comprar:
una cama pero NO el sueño,
comida pero NO el apetito,
adornos pero NO belleza,
una casa pero NO un hogar,
medicina pero NO salud,
lujo pero NO cultura,
libros pero NO cerebro,
diversión pero NO felicidad,
un crucifijo pero NO un Salvador,
una silla en la iglesia pero NO el Cielo.

domingo, 30 de mayo de 2010

No tener un defecto

Es nuestro destino tener defectos.
Pocos viven sin ellos, tanto en lo moral como en el carácter.
Les dominan, aunque es fácil curarse.
El buen sentido de los demás sufre porque a veces un sublime conjunto de buenas cualidades tiene un mínimo defecto: basta una nube para eclipsar a todo un sol.
La malevolencia se para de inmediato y aun repara en estos lunares de la reputación.
Sería una gran habilidad convertirlos en motivo de estimación.

César supo cubrir de laureles su calvicie.