lunes, 28 de mayo de 2012

Rasgos del pensador positivo


En el libro "El Poder del Pensamiento Positivo en las Empresas" Scott W. Ventrella nos habla de los diez rasgos del pensador positivo. Tras leer la breve descripción de cada una de éstos, reflexiona cuantos de ellos estás poniendo en práctica en tu dia a dia. Y planteate si podrias desarrollar alguno de ellos.

- Optimismo: Creer y esperar resultados positivos, incluso en momentos de dificultad retos o crisis.

- Entusiasmo: Tener altos niveles de interés, energía positiva, pasión o motivación personal.

- Creencia: Creer en uno mismo, en los demás y/o en un poder espiritual superior que nos sirva de apoyo y guía en momentos de necesidad.

- Integridad: Tener un compromiso personal con la honestidad, la franqueza y la justicia. Vivir de acuerdo con sus propias normas y defenderlas.

- Valor: Estar dispuesto a asumir riesgos y superar temores, incluso cuando el resultado es incierto.

- Confianza: Estar personalmente seguro de sus propias habilidades, capacidades y potencial.

- Determinación: Perseguir incansablemente una meta, un propósito o una causa.

- Paciencia: Estar dispuesto a esperar el momento oportuno, la disponibilidad correcta o resultados de uno mismo y de otros.

- Calma: Mantener la serenidad y procurar equilibrar la vida cotidiana frente a las dificultades, los desafíos o las crisis; tomarse el tiempo necesario para reflexionar y pensar.

- Enfoque. tener la atención dirigida mediante el establecimiento de metas y prioridades.

domingo, 8 de enero de 2012

La gente que me gusta



Me gusta la gente que vibra,
que no hay que empujarla,
que no hay que decirle que haga las cosas,
sino que sabe lo que hay que hacer y que lo hace.


Me gusta la gente con capacidad para medir
las consecuencias de sus acciones,
la gente que no deja las soluciones al azar.


Me gusta la gente justa con su gente y consigo misma,
pero que no pierda de vista que somos humanos
y nos podemos equivocar.


Me gusta la gente que piensa que el trabajo en equipo entre amigos,
produce más que los caóticos esfuerzos individuales.

Me gusta la gente que sabe la importancia de la alegría.
Me gusta la gente sincera y franca,
capaz de oponerse con argumentos serenos y razonables
a las decisiones de un jefe.

Me gusta la gente de criterio,
la que no traga entero,
la que no se avergüenza de reconocer
que no sabe algo o que se equivocó.

Me gusta la gente que, al aceptar sus errores,
se esfuerza genuinamente por no volver a cometerlos.

Me gusta la gente capaz de criticarme constructivamente y de frente,
a éstos les llamo mis amigos.

Me gusta la gente fiel y persistente,
que no desfallece cuando de alcanzar objetivos e ideas se trata.


Con gente como ésa, me comprometo a lo que sea,
ya que con haber tenido esa gente a mi lado
me doy por bien retribuído.



MARIO BENEDETTI -

domingo, 13 de noviembre de 2011

¿POR QUÉ USAMOS EL MIEDO?

La desilusión de los jovenes con la politica

CARTA DE UNA MADRE A SU HIJO ADOLESCENTE




“¡Para las siguientes elecciones, voto!”. Eso es lo que dices a tus 18 años, lleno de ilusión porque, por fin, podrás opinar. Lo malo es que tu voto será de castigo, (“Para que no salga...”), no de convencimiento (“Quiero que gane...”).



Yo recuerdo la primera vez que voté. Me sentía importante: tenía la oportunidad de participar, de decidir. Me gustaba escuchar a los políticos, aunque no coincidiese con ellos. Los consideraba gente con capacidad, preparados para desempeñar su tarea, manejaban un vocabulario amplio y siempre ajustado a lo que querían decir o transmitir.


En general, poseían sentido de la responsabilidad, eran cautelosos u osados y tenían una visión amplia de la realidad; no sólo importaba lo inmediato, sino, y sobre todo, lo que significaría para el futuro. O así lo sentía yo.



Hoy la sensación es otra y, si escuchamos a nuestro alrededor, podemos percibir el descontento, el desaliento. Reconocemos que los políticos son necesarios, pero, a menudo, creemos que no son los idóneos. Ya no disfrutamos con sus debates, agresivos, pobres en ideas, sin propuestas, cuyo eje es el insulto, la descalificación personal.



Tenemos la impresión de que mienten, de que luchan o se despellejan por su propio interés, no por el de todos, y de que improvisan y toman decisiones sin control, sin sopesar las consecuencias lo suficiente.



Actúan, después piensan. Nos están fallando. La sociedad se contagia de sus malos modos, de su pobreza intelectualy padece sus múltiples reformas,de tal manera que, poco a poco, lo esencial se olvida: la educación, el reconocimiento del esfuerzo y del trabajo como bien común, el respeto a los semejantes y a los diferentes, el valor de la palabra...



Ojalá tú, hijo, y muchos otros como tú, cuando ejerzáis vuestro derecho a votar, lo hagáis seguros de que vale la pena apoyar al que habéis elegido, por su trabajo, por su preparación, por su capacidad para ilusionaros y por su dedicación para llevar a cabo un proyecto en el que cree y por el que merece ese voto.




Que sea un voto meditado, y convencido, y confiado. Que la política sea tan transparente como la urna donde lo has depositado.




M.L.R

(A Coruña)